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Esta conclusión se desprende de un estudio realizado en 2.574 parejas pacientes de centros de reproducción norteamericanos, cuyos resultados fueron presentados el 20 de octubre en una conferencia de la ASRM (American Society for Reproductive Medicine) celebrada en Atlanta.

El estudio desarrollado por varios científicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard demuestra que la ingesta semanal de un equivalente a dos vasos de vino o botellas de cerveza fuerte (seis unidades convencionales) reduce en la mujer la probabilidad de embarazo en un 18%, mientras que la capacidad procreativa de su pareja disminuye un 14%. Los efectos negativos son aún más aparentes si la mujer consume vino blanco y el hombre toma cerveza. Por si acaso, los médicos recomiendan a las parejas que han decidido recurrir a una FIV abstenerse por completo del alcohol hasta que se consiga la fecundación. En las mujeres que consumían entre una y nueve unidades convencionales de vino blanco a la semana la probabilidad de dar a luz cayó un 24% y el riesgo de que el embrión no se implantara aumentó un 23%. Entretanto, la capacidad de procrear en los hombres que tomaban a diario una botella de cerveza registró un descenso del 30%. Tanto los gametos femeninos como los masculinos se van formando durante los tres meses previos a la concepción. Por tanto, las mujeres deben dejar de fumar, reducir el consumo de alcohol y quitarse los kilos de encima para aumentar sus chances de concebir un hijo.

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